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El Séptimo Sello March 10, 2006

Posted by kyezitri in Uncategorized.
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¡Qué tranquilos nos arropamos cada noche en nuestra cama sabiendo que tampoco hoy nos ha abordado ese ser andrógino, vestido de negro y con guadaña, capaz de desvelar nuestros más profundos sueños! Pero llegará el momento en que nos sintamos como Antonius Block, el protagonista de El séptimo sello, y todos los interrogantes relativos a la muerte sumergidos en las profundidades de nuestro cerebro saldrán a flote. Comenzará la angustia vital, tendremos que afrontar las grandes dudas metafísicas humanas: ¿qué soy? ¿qué hay más allá de la muerte? ¿dónde iré cuando muera?

Al fin y al cabo, nadie puede vivir mirando la muerte como un camino hacia la nada. ¿Es eso verdad? Si así lo fuese, el escudero de Antonius Block no cantaría de ese modo inocente, animado y alegre versos como no existe el destino/estás ante la nada. Y sin embargo, el escudero intenta sobrevivir de modo optimista, e incluso se permite algún consejo a su caballero: hubieras gozado más de la vida despreocupándote de la eternidad. Recuerdan estas palabras a aquellas de Woody Allen en Hannah y sus hermanas:

Incluso aunque lo peor sea cierto, ¿qué pasa si no existe Dios y nosotros sólo vivimos una vez y se acabó? ¿No te interesa? ¿No te interesa esa experiencia? Entonces me dije: ¡qué diablos! No todo es malo. Y pensé para mis adentros: ¿por qué no dejo de destrozar mi vida buscando respuestas que jamás voy a encontrar y me dedico a disfrutarla mientras dure? Y después, después ¡quién sabe! Quiero decir: quizá existe algo, nadie lo sabe seguro. Ya sé que la palabra quizá es un perchero muy débil en el que colgar toda una vida, pero es lo único que tenemos. Luego me acomodé en la butaca y realmente empecé a pasarlo bien.

Woody Allen,Hannah y sus hermanas

Reflexiones, ambas, derivadas de la resignación ante la imposibilidad de alcanzar a Dios a través de los sentidos. Y compartidas también con otro genial escudero, en este caso literario, llamado Sancho Panza. Ambos escuderos se caracterizan por ser materialistas, realistas y sumamente escépticos. Perfectamente se podrían poner en boca de Sancho algunos de los parlamentos del escudero; por ejemplo, por muchas vueltas que nos demos, siempre tendremos el trasero detrás. Los dos son empleados magistralmente como contrapunto a sus caballeros. En la película, mientras el escudero ansía vivir la vida y disfrutar, el caballero se devana los sesos en busca de una tardía fe en Dios. En el libro, sin embargo, mientras don Quijote va progresivamente apagando sus ilusiones, Sancho acrecienta su fe en las causas perdidas. Antagonistas, al fin y al cabo, cuyo modo de actuar se complementa a la perfección precisamente por su oposición.

Por otro lado, la actitud del caballero ante la muerte se sitúa en un plano totalmente opuesto. La angustia ante su proximidad y ante la indefensión en la que se encuentra le/nos resulta asfixiante. Decide, como última medida, acudir a un confesionario: que Dios me tienda su mano, eso quiero. Esta escena, en la que el protagonista de El séptimo sello se confiesa ¡ante la muerte!, merece la pena ser vista una y otra vez. Constituye el eje de la cinta y nos presenta las intimidades de Antonius Block.

La muerte es la única certidumbre del hombre, una agarradera mucho más consistente que el pienso, luego existo de Descartes, como se ha demostrado. Nadie escapa a ella: ni lo consiguen los que se ocultan en la copa de los árboles (como en El séptimo sello) ni los que se esconden entre peñascos (como Clarín en La vida es sueño):

El sitio es oculto y fuerte

entre estas peñas. Pues ya

la muerte no me hallará,

dos higas para la muerte.

[poco después]

Soy un hombre desdichado,

que por quererme guardar

de la muerte, la busqué.

Huyendo della, topé

con ella, pues no hay lugar

para la muerte secreto.

De donde claro se arguye

de quien más su efeto huye

es quien se llega a su efeto.

Por eso tornad, tornad

a la lid sangrienta luego;

que entre las armas y el fuego

hay mayor seguridad

que en el monte más guardado;

que no hay seguro camino

a la fuerza del destino

y a la inclemencia del hado.

Y así, aunque a libraros vais

de la muerte con hüir,

mirad que vais a morir,

si está de Dios que muráis.

Calderón de la Barca,La vida es sueño

Antonius Block, sin embargo, no se resigna ante la certidumbre. La muerte le concede -sin duda, cruelmente- un resquicio de esperanza al aceptar su reto: una partida de ajedrez. Si gana la muerte, se lo lleva con ella; si gana él, la muerte se irá. ¡Iluso el caballero al creer que podría engañar a la muerte! Es muy habitual en Bergman tratar la actitud del hombre ante la muerte como el condicionante de toda una vida.

Como germen profundo del miedo a la muerte se encuentra la incertidumbre ante la existencia de Dios. El caballero de El séptimo sello lucha con todo su espíritu en busca de una fe en Dios que lo libere de su angustia vital. Pero la fe se muestra impasible ante todos aquellos que buscan, como el caballero, evidencias. Evidencias como las que reclamaba Woody Allen en La última noche de Boris Gruschenko: Si Dios me hiciera una señal, como abrirme una buena cuenta en un banco suizo. La fe huye de la racionalidad con la que el caballero se enfrenta a ella. En un momento de la película, se afirma que la fe es un grave sufrimiento, ¿es eso verdad? En la religión católica la afirmación se invertiría: el sufrimiento es el camino hacia la fe. En El séptimo sello observamos nítidamente cómo la fe crece ante la adversidad en la escena de la lúgubre procesión contra la peste y, al mismo tiempo, cómo el miedo convierte a las personas en dóciles seres susceptibles de ser manipulados. ¿Nos recuerdan algo esos términos de cultura del miedo?

El séptimo sello no pretende ser la panacea de la filosofía sobre la existencia de Dios, sino que constituye una alegoría sobre la certidumbre de la muerte y la búsqueda de la fe humana en tiempos difíciles. ¿O quizás Bergman sólo buscaba consolarse a sí mismo en el océano de la soledad?

Comments»

1. papu4000 - April 30, 2007

Muchas gracias por esta entrada de blog (la encontré por google). Es muy interesante la reflexión que ofreces. Acabo de ver la película y estoy como el caballero cuando come con sus amigos las fresas y la leche recién ordeñada.

Saludos terrenales


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